A bote pronto

Ter Stegen señalado

Los cancerberos son el último baluarte defensivo del equipo y por ello sus fallos condicionan más los resultados y son más evidenciables.

No tienen el mismo juicio condenatorio un delantero que yerra un remate fácil que un portero que encaja un gol en una actuación desgraciada. Lo cual no deja de ser injusto para los sacrificados especialistas con licencia para utilizar las manos.

En la temporada 2014-15, el entonces secretario técnico del FC Barcelona, Andoni Zubizarreta, fichó a dos porteros cualificados para cubrir la baja voluntaria de Víctor Valdés.

Con marchamo de titular llegó el joven Ter Stegen del Borussia M’Gladback, con su descarada juventud y éxitos en la Bundesliga.

Luis Enrique quiso también incorporar un segundo portero de garantías que tuviera experiencia en nuestra liga. El elegido fue el chileno Claudio Bravo que llegó de Donostia.

Contrariamente a la programación del Club, Bravo se hizo con el puesto de titular en la liga en las dos temporadas, relegando al alemán  a las competiciones de eliminatorias.

La competencia de ambos porteros hizo temer por la buena relación en el vestuario y el FC Barcelona se quedó con Ter Stegen que garantizaba buen presente y mejor futuro, aceptando la transferencia del capitán y doble campeón de la Copa América a La Premier para enrolarse en el ManCity de Pep Guardiola.

Como escribimos en su fecha, deportivamente la portería blaugrana se ha debilitado, pues la garantía de Bravo que firmó dos cursos excepcionales, no es igual a la que se presume del recién fichado Cillessen.

Ahora la titularidad de Ter Stegen es indiscutible, como en su día fue la de Valdés. En esta tesitura se espera del germano un rendimiento alto, acorde a las expectativas fijadas.

En la séptima jornada del campeonato, en Vigo volvió a recibir una tetra goleada, atribuyéndosele deméritos en esos guarismos.

Las nuevas reglas del fútbol que limitan el uso de las manos cuando son los compañeros quienes juegan con su guardameta, obliga a los porteros a tener un buen juego de pies que se asemeje a un jugador de campo.

Es el portero el primer atacante, el que inicia las jugadas y con su participación activa crea superioridad numérica. De ahí que Zubizarreta buscara un portero que, además de su solvencia en la especialidad, supiera leer bien los partidos y tuviera capacidad técnica en el manejo del balón.

De hecho, Zubizarreta había padecido en sus propias carnes, esa falta de destreza con los pies que llevó al entrenador Johan Cruyff a elegir a Carlos Busquets – padre de Sergio – que era un guardameta mediocre en su función principal, pero que tenía cierta habilidad en la distribución del cuero con los pies.

Ter Stegen reúne esos requisitos de formación técnica a los que suma una sangre fría considerable para salvar la primera línea de presión jugando con los pies. De hecho, sus compañeros le reconocen esa solvencia y se apoyan en él con frecuencia.

Confianza excesiva

No es la primera vez que Ter Stegen abusa de su suficiencia con los pies e incurre en temeridades que trascienden en el marcador.

El primer gol del partido es consecuencia de una mala elección de pase, al hacerlo en vertical sobre Busquets que lo tenía de cara y, consecuentemente de espaldas al atacante céltico. Además, al pase le faltó precisión y rebasó al de Badía para controlarlo el delantero que con una asistencia en diagonal propició el tanto.

En once minutos, el resultado alcanzaría un alarmante 0-3, por un segundo gol de Aspas, en disparo cruzado que parecía podía llegar Ter Stegen y un tercero en propia meta de Mathieu en plena debacle colectiva.

La presencia de Iniesta mayestático y el amor propio de Piqué y su acierto rematador habían llevado el marcador a un estrecho 2-3 y con las dinámicas del juego cambiadas.

Quedaba tiempo para la igualada y la posible remontada. Sin embargo, Ter Stegen, lo estropeó toco con intervención culposa.

Es un balón que domina en su área pequeña con el pie y en lugar de abrirlo a Piqué a su derecha o más lateral y largo a Sergi Roberto, ambos desmarcados, pretende pasarlo al otro lado a Jordi Alba, salvando la oposición de Tucu Hernández. No lo logra y el balón le rebota en la cara del delantero y toma destino insalvable entre los tres palos.

No es un accidente de juego al que todos están expuestos. Es un error conceptual que no debió cometer y que representó un jarro de agua fría para sus compañeros y para la afición.

Esta acción que el youtube eternizará le ha de servir como cura de humildad. Ha de saber que tampoco es Messi con los pies y que debe seleccionar las jugadas midiendo el riesgo.

Ter Stegen fue consciente de su grave error y se manifestó en los mismos vestuarios de Balaídos: “Todo el mundo lo ha visto, el culpable de la derrota soy yo”.

No es cuestión que se flagele, muchos de sus compañeros tampoco estuvieron a la altura exigida, así como su entrenador. O así piensa nuestra pluma.

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