A bote pronto

Florentino Pérez en la encrucijada

El Real Madrid no jugaba bien pero copaba los puntos disputados de la liga hasta la jornada cinco que el color amarillo de las camisetas de Villarreal, primero, y Las Palmas en la sexta fecha, les otorgaron el maleficio que pregonan la gente de teatro, en la que también debe estar inmerso su capitán Ramos, al que cada balonazo en los brazos le produce dolor en la cara.

Estamos ante un Real Madrid resultadista, continuación del irregular curso anterior neutralizado en la tanda de penaltis en Milán con un triunfo europeo que borró una temporada complicada con destitución del entrenador, inclusive.

Ha tenido el Real Madrid un calendario cómodo en el inicio, pero acumula dos sorprendentes empates  en casa frente al Villarreal y en el Estadio Insular de Gran Canaria frente al Las Palmas que le han restado cuatro puntos, lo que pone en un puño la clasificación general y despenaliza los tropiezos de los rivales directos y su empate en el duelo directo del Camp Nou. Pérdidas de puntos que llegan después que la prensa local, con el pleno doce de doce, especulara en superar los cien puntos en el campeonato (aún posibles 110).

Puede ser que en Las Palmas, dejándose remontar un resultado a favor, haya perdido más de dos puntos, por las secuelas del partido que tienen nombre propio en Cristiano Ronaldo.

El portugués sufrió un esguince del ligamento lateral interno de la rodilla izquierda en la final de la Eurocopa de Francia y ha hecho una mala pretemporada. No está en forma y, en esas condiciones, resta más que suma. Con su individualismo exacerbado desbarata muchas acciones de gol de sus compañeros al querer culminarlas, desestimando el juego colectivo.

Solo ha marcado un gol, fue en el Bernabéu que solo tuvo que empujar el balón. Pese a su parca contribución y su precaria condición física, su estatus de titular le ha sido mantenido.

En Las Palmas, Zidane incorporó un cuarto delantero  en el transcurso del partido que le sirvió para obtener ventaja y, conseguido el objetivo, recompuso el equipo ordenando el cambio de Cristiano Ronaldo.

El gol madridista es consecuencia de un disparo poco atinado del “siete” pero al que acude Benzema, en segunda jugada, para conducirlo a la red. Gol que representaba cambiar el signo del partido y que el luso no celebró, pues levantó su brazo lamentando no haber sido su autor e incorporándose el último a un protocolario y leve reconocimiento al francés en el abrazo de grupo.

Cristiano Ronaldo se dirigió al banquillo con cara agria, atendió, sin mirar, la mano extendida de Zidane y durante y después, estuvo mascullando comentarios  del tipo de “su puta madre” y “fodase”, según lectura labial.

A Florentino Pérez le disgustó tanto la decisión de su entrenador como la actitud del futbolista, pero le envió  un mensaje de ánimo al jugador, el cual respondió  con un enigmático: “Así, no. No vamos bien”.

Está apalabrada desde el principio del curso la renovación del futbolista de 31 años hasta el año 2020-2021, cuando es notorio que el presidente antes quiso venderlo. Así lo revela el libro sobre Mourinho, donde el luso reconoce que el presidente quiso repescarlo para hacer limpieza en el vestuario. Entre esos nombres estaban Pepe, Ramos y Marcelo, además de Cristiano Ronaldo.

Ahora toca aplicar la política de paños calientes que incluye una advertencia al entrenador. Éste ya se ha disculpado implícitamente al manifestar que el partido europeo fechado para el miércoles creía que se jugaba en martes. Excusa poco creíble, pero que también le culpabiliza en el caso improbable que fuera cierta.

Los vasos comunicantes que unen Barça y Madrid se ponen una vez más de manifiesto. Esta tormenta con descarga eléctrica se produce después de que el FC Barcelona haya ventilado su visita a Gijón con goleada, sin Messi lesionado y con Neymar tomando el relevo protagónico.

Florentino Pérez está en la encrucijada. No es probable que aplique el reglamento interno para sancionar la actitud de Cristiano Ronaldo, porque “juega con el patrimonio del club”, pero su renovación apalabrada está en el alero. Antes ha llegado la de  NIke con el futbolista.

Para el futbolista también está su suerte en la designación del “FIFA Balón de Oro” que la prensa madridista le auto otorgó con premura. En el plano individual, que es que debería contar en este tipo de premio, no acumuló excesivos méritos, pero si acaso, los está restando para quedarse en inferioridad ante Messi, Griezmann, entre otros.

Muchos vieron en Zinedine Zidane la reencarnación de Pep Guardiola en versión madridista y le han aupado tirando de estadísticas de todo tipo, aunque sean sumando victorias en temporadas distintas. Básicamente, son los mismos que ponen a Cristiano Ronaldo a la altura de los grandes dioses del firmamento fútbol, como Pelé, Di Stéfano, Cruyff, Maradona y Messi.

Esas varas de medir que han escrutado con lupa de tropecientos mil aumentos las relaciones de Leo Messi y Luis Enrique volverán a ser distintas.

Para Florentino Pérez los problemas no acaban aquí. Está la renovación pendiente a Keylor Navas al que ninguneó con desdoro y resultó ser el principal baluarte del equipo. Le obligaron a operarse en verano, está a punto para jugar, pero Zidane es renuente y mantiene al discreto Casilla de titular. Al costarricense se le prometió una mejora sustancial de su contrato que está muy por debajo del rendimiento deportivo ofrecido.  O así piensa nuestra pluma.

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