A bote pronto

La cantinela sobre Neymar huele mal

Esta vez ha sido Michael Laudrup que con sus sorprendentes declaraciones en un canal futbolístico  de pago ha encendido la mecha de la polémica. Extraña esa estolidez en un ex futbolista exquisito que interpretó el fútbol como arte con su elegancia, trato de balón y dominio del espectáculo. Que miraba a la grada, ante la oposición del defensa, para enviar el balón al sitio cambiado.

En la cuarta jornada liguera el FC Barcelona endosó cinco goles en Butarque al ascendido Leganés. Otro equipo madrileño, el Atlético también jugó y marcó también cinco tantos. El tratamiento informativo de los medios locales de Madrid fue irrelevante para el “Lega” que, apenas, ocupó el 5% del espacio de portadas con relación al eco informativo del otro equipo madrileño con el que coincidió día de partido.

La causa de tan abismal diferencia de trato habrá que buscarla no en razón del diferente reclamo informativo de las entidades madrileñas, que es obvio que existe, sino en el rival blaugrana autor de la goleada a domicilio.

No bastó el menguante tratamiento informativo sobre la victoria aplastante visitante, sino que hubo que rascar en asuntos tangenciales y que volvieron a recaer sobre el comportamiento de Neymar.

A 48 horas del evento perduran las críticas a Neymar por su estilo de juego que para algunos supone una desconsideración al contrario. Ello permite, entre otras cosas, pasar de puntillas, sobre la acción de Ramos, capitán del Real Madrid, en Cornellà.

Es cierto y verdad que prácticamente la totalidad de  medios registran  la doble fea acción del jugador y el error arbitral. Sin embargo, lo hacen con la boca pequeña en los medios hablados y escondiendo la pluma en los márgenes diminutos de papel.

No se repara en la gravedad de la entrada en el segundo minuto que le costó la primera tarjeta y de la importancia del error arbitral que le evitó la expulsión en el minuto 24 que hubiera dejado a su equipo en inferioridad numérica y con el marcador en el empate inicial. ¿Para qué ponderar la incidencia del error que favoreció al Real Madrid en perjuicio de los intereses del RCD Espanyol y de terceros? Sale más a cuenta volver a las andadas del tema inagotable de Neymar que sirva de cobertura.

Poco importa que el propio entrenador del rival Asier Garitano, hombre de gran personalidad, que en su día abandonó una rueda de prensa para salvaguardar el menoscabo que se hacía al euskera, defendiera a Neymar:

  • Es bonito verlo y le he visto hacer eso con el resultado a favor y en contra.
  • Cuando estás en el otro lado lo sufres o no te gusta, pero es parte del fútbol.
  • Para mí, los jugadores que tienen ese talento son bienvenidos.

También el argentino Mario Kempes, vinculado al Valencia CF como embajador ha mediado a favor:

  • Marcelo y Cristiano hacen cosas peores que Neymar y nadie dice nada.
  • Hace lo mismo ganando, perdiendo y en la playa.

Sin embargo, los de siempre, los resultadistas y los alineados, ven en las exhibiciones de Neymar un tono burlesco hacia el rival que menoscaba la dignidad de sus sufridores. Pueden llegar hasta justificar la violencia del adversario, herido en su amor propio por la evidencia de su inferioridad.

Vuelven las encuestas acerca del juego de Neymar y su capacidad de provocación o no. Seguiremos mareando la perdiz y alejándonos a conveniencia de los focos principales de atención.  En cierta manera es un reconocimiento implícito que la importancia del fútbol viene dada por futbolistas de la calidad de Neymar, entre otros. Jugadores creativos de esta dimensión son los que ponen precio al fútbol y mantienen todo el negocio paralelo que conlleva.

Esa inquina muy localizada a Neymar tiene que ver con la elección de su camiseta, sin duda. Es su tributo. Indirectamente Ramos  dio protagonismo al brasileño en la calculada y selectiva escaleta informativa que, a su vez, le restó a Messi, porque su nuevo recital de fútbol no es noticia por reiterativo. Será eso. O así piensa nuestra pluma.