A bote pronto

Un Barça muy serio sufre para ganar

El encuentro de San Mamés estaba señalado comercialmente como “El partidazo” de la jornada y, esta vez, se acertó de pleno. Bajo una lluvia, a ratos intempestiva, ambos equipos se zafaron en una lucha contumaz en posesión del balón y dominio del juego y marcador.

Suele ocurrir, en estos casos, que a igual disposición se lleve el gato al agua el cuadro con mayores argumentos técnicos y mayor registro de capacidades, como así ocurrió.

Luis Enrique, salvo la alternativa a Ter Stegen, repitió la alineación de la primera entrega de la liga donde el FC Barcelona percutiera con seis goles el andamiaje defensivo del Betis.

Athletic Club 0 FC Barcelona 1, intervinientes y gol

Athletic Club: Iraizoz (7); De Marcos (6), Bóveda (7), Laporte (6), Balenziaga (6); Iturraspe (6), Beñat (7); Williams (7), Eraso (5), Susaeta (6); Aduriz (6).

Cambios: Raúl García (7) por Eraso (m. 61); Vesga (6) por Iturraspe (m. 61); Muniain (5) por Susaeta (m. 75)

FC Barcelona: Ter Stegen (8); Sergi Roberto (8), Piqué (6), Umtiti (7), Alba (6); Rakitic (8), Busquets (7), Denis (6); Messi (8), Luis Suárez (6), Arda Turan (6).

Cambios: Mascherano (6) por Umtiti (m. 70); André Gomes (6) por Denis (m. 70); Rafinha (sc) por Arda (m. 83)

Árbitro: Mateu Lahoz (4), valenciano. Tarjetas a Umtiti (m. 9), Busquets (m. 36), Luis Suárez (m. 36), Susaeta (m. 45), Iturraspe (m. 55), Roberto (m. 58), Eraso (m 61), Beñat (m. 80), Balenziaga (m. 89)

Goles: 0-1 (m. 21), Rakitic cabecea cruzado un gran centro de Arda

Campo: San Mamés (46.365 espectadores).

El Barça fue superior

El encuentro fue muy exigente y el Athletic Club trató de sorprender en la salida con una presión muy alta que controlaron con paciencia y sapiencia los peones defensivos blaugranas con Ter Stegen ejerciendo como zaguero de campo, lo que creaba superioridad numérica en la creación.

En la mente de muchos aficionados, no así en la del alemán que es hombre de acero, estaba la pifia del portero en ese mismo escenario en la disputa de la Supercopa de España del inicio del curso pasado.

Nada ni nadie amilanó al germano, a pesar que en el minuto diez erró un pase a Busquets y propició un “uno contra uno” con Beñat que le lanzó literalmente el balón con potencia a la cara, sin que hiciera medra en su físico.

Luis Enrique tenía previsto esa salida fulgurante local y juntó sus hombres, con un Busquets entre centrales y unos laterales más sujetos a su posición primigenia.

Correr tras el balón cansa y  aún más en esta fase de la temporada de puesta a punto. Los rojiblancos fueron perdiendo gas paulatinamente al discurrir el cronómetro y los blaugranas se aposentaron en franjas de terreno más avanzadas y con posesiones de balón más largas.

No se alcanzaba aún el ecuador del tiempo cuando llegó el gol que, a la postre, otorgaría la victoria visitante. Se inició en un saque de banda y se superaron los veinte toques en participación coral. En la última fase, Luis  Suárez descarga el juego en un balón largo y profundo a Arda Turan que recorta, levanta la cabeza y pone con bota de seda el balón al espacio aéreo de Rakitic que clava el balón en la red de certero testarazo al ángulo.

La acción más singular de Mateu Lahoz

Se produce en el minuto 36, Beñat, en el medio campo y sin razón aparente, decide tirarse al césped cuando había superado la posición de Denis Suárez sin que hubiera contacto físico. Mateu Lahoz, que corría de espaldas al balón a terrenos de la retaguardia blaugrana, señala falta a Denis.

La falta era intrascendente, pero la acción de sancionar desde la evidencia que no lo ha apercibido, desató las iras de los blaugrana hacia un colegiado que carece de amigos en el vestuario culé. Busquets y Luis Suárez fueron amonestados con la tarjeta venial. En sus contradicciones, no muestra tarjeta a Denis Suárez que, en su teoría errada, había zancadilleado por detrás  a Beñat y orillado una acción de contraataque.

Fue una acción surrealista que deja en muy mal lugar al árbitro valenciano, que nunca debe sancionar lo que no ve. Ello es dogma de fe y es improbable que recibiera notificación de su auxiliar a través del pinganillo por la inmediatez del uso de su instrumento sonoro

El Athletic tuvo aproximaciones pero sin crear ocasiones de gol. Adúriz estaba bajo control de Umtiti y Piqué como hombre libre barría la zona. Williams obligó más a Alba al que superó solo en un par de ocasiones.

Más peligro tenían los contragolpes blaugranas, pero, esta vez, el capitán Messi no estuvo atinado en el ajuste de sus remates, Arda pecó de individualismo y desperdició un gol al no cederla a Luis Suárez que solo tenía que empujar el balón a la red. En el segundo tiempo, el uruguayo pagaría con la misma moneda al turco. En uno y otro caso, el perjudicado es el equipo.

En el segundo tiempo, el FC Barcelona controló el encuentro sin sobresaltos, pero no pudo certificar la victoria antes del pitido final por desaciertos reiterados en los metros finales.

El Athletic fue perdiendo fuerza y, consecuentemente, mordiente, que no pudo remedar los cambios dispuestos por el txingurri Valverde. Sin embargo, luchó hasta el final con esa bravura y casta que le ennoblece. No así a Muniaín, que salió unos minutos y trató de agitar el juego por la vía del engaño y la picaresca como en él es habitual.

La incertidumbre se mantuvo los 94 minutos de juego por la intensidad en el juego y el compromiso de todos los actuantes. La falta de acierto rematador blaugrana, dio a la contienda ese aire épico, al quedar el signo del resultado al albur de una acción.

La última jugada del partido describe la situación. Messi en lugar de finalizar la jugada da una asistencia para el gol de Luis Suárez que no materializa el charrúa al disparar a dos metros al pie del defensa  Boveda, único obstáculo de la puerta bilbaína.

El Athletic se queda sin puntuar en la liga, tras haber perdido también el partido inaugural en El Molinón. Ello es circunstancial y también sucedió el curso pasado, donde asimismo, se registra este mismo resultado frente al FC Barcelona en la primera jornada.

La afición local no tuvo nada que reprochar a sus hombres cuyo esfuerzo se quedó sin premio. Ahora, toca recuperarse en A Coruña, después del parón obligado de la competición por culpa de la jornada UEFA.

Perder contra el campeón, peleando todos los balones y llegando con opciones hasta el final, nunca es un desdoro, máxime si el rival, además del talento, pone las mismas armas dimanantes del compromiso compartido. O así piensa nuestra pluma.

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